viernes, 15 de febrero de 2013

La Atlántida en África del Norte

Hay  indicios y pistas con respecto a la existencia de la Atlántida, o por lo menos, altas civilizaciones antiguas:
1-  El mar de los Sargazos, en pleno océano Atlántico, es una superficie de vegetación marina perenne que apunta a la existencia allí de tierras sumergidas. 
2- Los asombrosos conocimientos astronómicos de muchos pueblos de la antigüedad, que supondrían muchos siglos de observación del cielo, teniendo que remontarnos, para ello, a fechas en las cuales la historia oficial afirma que aún no existían dichas culturas.

La teoría que identifica la Atlántida con una localización en el norte de África no es tan descabellada como podría parecer.
Por ejemplo, el número 376 de Historia 16 (Agosto 2007) contiene un interesante artículo de Carlos J. Moreu, que identifica la Atlántida “histórica” con la cordillera del Atlas y los territorios adyacentes.

Algunos pretenden que son los Faraones quienes han legado la ciencia esotérica, aunque más bien debe tratarse de los Iniciados anteriores a la época que traza la historia del Antiguo Egipto.
Ya los Tuareg, esos caballeros del desierto, guardan un gran misterio con sus tradiciones, las cuales no guardan ninguna analogía con las de otras tribus de la Tierra.

Hace unos 10.000 años el desierto del Sahara era un vergel con abundantes lluvias. 
La Esfinge egipcia, según estudios geológicos, presenta marcas de erosión por agua que la remontan, más allá de su fecha oficial, a unos 10.000 años. 
Las enigmáticas pinturas de Tassili, en el Sahara argelino, tendrían una antigüedad de unos 10.000 años. 
La arquitectura megalítica a lo largo de todo el borde occidental de Europa, cerca del mar, parece producto de una única cultura llegada a sus costas. 
Hace unos 10.000 años, según los geólogos, los sedimentos del fondo marino indican modificaciones geológicas anormales. 
Las migraciones frustradas de aves, anguilas y un roedor escandinavo, el lemin, hacia el interior del océano Atlántico, en que las anguilas sí logran desovar en el mar de los Sargazos, pero supone la muerte para miles de los roedores. 
Hubo un gran diluvio hace 11.557 años, y todas las costas fueron arrasadas por grandes tsunamis. La única costa a salvo de esta embestida sería las costas de Marruecos, Argelia y Túnez, protegidas por las montañas Atlas.
Para los tuaregs, Tin-Hinan fue una princesa bereber que emigró desde la región del Atlas (en el actual Marruecos), probablemente Tafitali, atravesando el desierto sahariano a lomo de una camella blanca. Fue una heroína y la fundadora del pueblo tuareg. Tras una larga marcha de casi 1.400 kilómetros, fue a establecerse en Abalessa, en las proximidades de Tamamrraset, al Sur de Argelia. Allí encontraron su tumba y los huesos que se conservan actualmente en el Museo El Bardo. Junto al enorme esqueleto aparecieron cientos de piezas de oro y plata. Sólo en El Bardo se conserva un ajuar integrado por 613 collares, anillos y brazaletes, que ratifican la notoriedad del personaje. Para arqueólogos e investigadores como Lehuraux, Gautier y Reygasse, entre otros, el túmulo de Tin-Hinan es el hallazgo más destacado del África sahariana. 

Los tuareg aseguran que Tin-Hinan “se mezcló "con los dioses" para crear una nueva raza”. Los más ancianos depositarios de la tradición oral hablan de “hombres de gran altura, de pelo amarillo y ojos rasgados, procedentes de Orión, y que fueron los padres de su pueblo“. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario